Tuesday, April 05, 2005

Amistades peligrosas y buen corporativo

Por José Luis Álvarez (Director del Centro de Gobierno Corporativo del Instituto de Empresa)

Parece que la amistad no tiene últimamente muy buena reputación en lo que el presidente de Nmás1, Santiago Eguidazu, ha nominado la industria del gobierno corporativo. Blas Calzada, cuando estaba a cargo de la CNMV sostenía que el presidente del consejo y el consejero delegado no podían ser amigos. Se supone que no quería que fuesen enemigos. Con conocidos y residentes bastaba. Para reconocer a los consejeros el atributo de la independencia, reconocidos organismos y firmas añaden, a los requisitos de ausencia de relaciones económicas o de interés con la empresa focal, el de carencia de amistad y vínculos sociales con los ejecutivos principales. No dejan de ser curiosas las consecuencias para el gobierno corporativo que algunos parecen atribuir a la amistad entre las elites económicas. Se dice que puede ser peligrosa por llevar potencialmente a colusión de intereses (generaría, por tanto, prácticas contrarias a la lealtad). O porque, se afirma, los amigos, en un consejo por ejemplo, a menudo no se dicen las cosas importantes, dejándose llevar por la comodidad o por un afecto que desplaza al deber (por consiguiente, prácticas contrarias a la diligencia).

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