
El salario es aquello que los trabajadores perciben a fin de mes a cambio de su fuerza de trabajo y que según su cuantía, se sienten bien o mal pagados, mejor o peor valorados, e incluso en algunos casos, se sienten que cobran en su justa medida, esto es, que cobran lo que se merecen.
Pero ese concepto tan abstracto que se llama salario: ¿Cómo se mide? Se mide por los estudios que tenemos, por lo inteligentes que somos, por lo guapos que somos, por el número de hijos que tenemos que mantener, por nuestra capacidad de trabajo, por lo que producimos o por la plusvalía que generamos (o lo que es lo mismo, por lo que le hacemos ganar al empresario).
Se imaginan que el salario se pagara en función de lo que hacemos ganar al empresario (que no es una idea tan descabellada), imagínense los salarios de los trabajadores de las promotoras, de los bancos, de las petroleras, de las grandes multinacionales ... y en el lado opuesto, los salarios de los trabajadores de los autónomos, que en multitud de ocasiones ganan más los empleados que ellos (a muchos les invito a hacer cuentas en mi asesoría y lo verán con sus propios ojos).
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