
Sin duda que en los últimos años el concepto de “responsabilidad social corporativa“ ha avanzado fuertemente en el discurso empresarial; pero, también lo ha hecho en el mundo académico y gubernamental.
Todo indica que este concepto ha llegado para quedarse no sólo en las aulas y en los foros, sino también en las empresas. Este cambio de paradigma, donde el compromiso social de las empresas avanza al igual que el compromiso por lograr mayor competitividad, es un avance en todos los sentidos. Los compromisos éticos no están reñidos con la obtención de mayores ganancias por parte de las empresas. Y no deben por qué estarlo.
Los nuevos tiempos exigirán empresas comprometidas socialmente con la comunidad, con sus trabajadores, con sus accionistas y con el entorno. Este compromiso, a su vez, implicará nuevas relaciones entre los grupos de interés, quienes se transforman en partícipes del papel transformador de la empresa, dado su rol económico, tecnológico, político, cultural y social que la llevan a asumir compromisos en todos esos ámbitos.
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