En medio de protestas sindicales y dos días después de sufrir una gran derrota en las urnas, el gobierno del presidente francés, Nicolás Sarkozy, renunció a su idea de gravar en el país las emisiones de dióxido de carbono.
La tasa al CO2 era una insignia en la lucha contra el cambio climático de Sarkozy, que parece concentrarse cada vez más en reformar el sistema estatal de pensiones, "la madre de todas sus reformas", según analistas.
El flamante ministro francés de Trabajo, Eric Woerth, prometió este martes insistir con la renovación del régimen de jubilaciones, mientras los sindicatos prometen resistir su aprobación.
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