Con las revueltas en el mundo árabe, y especialmente en el caso de Libia, llegan, entre otras muchísimas lecciones, la gran dependencia que España tiene del petróleo en su dieta energética y la hipersensibilidad de la economía a los ajustes del precio. Más en una situación de grave crisis como la que vivimos. La apuesta por las fuentes renovables, que no es nueva, aspira a reducir esa factura, junto con el eterno objetivo de atajar la emisión de gases con efecto invernadero. Galicia es uno de los referentes mundiales en energías verdes, una de las líderes en producción eólica e hidráulica, pero el reciente informe del Consejo Económico y Social (CES) con el reproche a la Xunta por la "falta de decisión" ante el aprovechamiento de las olas pese al potencial de la costa de la comunidad evidenció que todavía queda mucho por hacer. Esta misma semana, el Ejecutivo autonómico respondió con el impulso a un centro de ensayo para la energía undimotriz, que, según coinciden expertos y ecologistas, sería suficiente para cubrir todo el consumo eléctrico de empresas y hogares gallegos.
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