
Más de 6 mil funcionarios policiales con expedientes judiciales abiertos son una razón más que suficiente para realizar una depuración de los cuerpos. Y aunque no escapan de la ilegalidad, aseguran que la limpieza debe empezar por las cabezas y no por las manos
“¿A quién hay que depurar primero?”, se preguntan los funcionarios de la Policía Metropolitana (PM). “Eso tiene que comenzar desde arriba”, responden a coro. Y aunque en sus ideas no pretenden tapar con un dedo la corrupción reinante en los cuerpos policiales, aseguran que la limpieza debe empezar por el cerebro del sistema y no por las uñas: “Si estoy enfermo completo no vale que me cortes las puntitas de los dedos. Debe haber un cambio en el procedimiento judicial venezolano y una depuración que, en Caracas, debe empezar por el propio Alcalde Mayor, Juan Barreto”, asegura el subinspector Carlos Pérez (nombre cambiado). Y sus razones tiene para llegar a esa conclusión.
Era un agitado día cualquiera en el Centro de Caracas. La voz de “¡alto!” de funcionarios de la PM rompió de pronto con la normalidad cotidiana. Entre la multitud de buhoneros y transeúntes rugieron los motores de presas y cazadores. Pero unos metros más adelante, las calles se agotaron para los escurridizos motorizados, pues los miembros del escuadrón de la policía lograron interceptarlos y detenerlos. Un arma con seriales “devastados” y una moto trampeada fueron decomisadas. El subinspector arrancó directo a la comisaría con las evidencias. De nada sirvió.
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