
Todos sabemos que el presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, es un entusiasta de la energía solar fotovoltaica. También sabemos que su ministro de Industria, Miguel Sebastián, aboga por adelantar a antes de 2020 el objetivo europeo de cubrir el 20% del abastecimiento energético con renovables. Las renovables son la máxima prioridad de una España renqueante por culpa de nuestra desmesurada dependencia de las importaciones de combustibles fósiles.
Lo que no sabíamos es que ese fomento de las renovables pasa por dejar a la fotovoltaica paralizada, en el mejor de los casos, hasta el próximo mes de marzo, lo que provocará pérdidas de 700 millones de euros a las empresas españolas, pondrá de patitas en la calle a unos 20.000 trabajadores muy cualificados y ahuyentará un volumen de inversión de unos 6.000 millones de euros.
Ver Artículo completo.
