
Ha empezado a llover con fuerza sobre los sueldos y remuneraciones de los altos directivos empresariales. El movimiento parte de EE UU, pero se extiende también por Europa con rapidez. Ya era hora. Mientras que la participación de los sueldos en la renta total está cayendo en numerosos países (España entre ellos), como veíamos en el número 962 de enero de DINERO, las remuneraciones de los directivos se disparan. Es una deriva peligrosa.
En el siglo pasado, Rockefeller, representante paradigmático del capitalismo liberal, afirmaba que la distancia salarial razonable entre un obrero y el máximo directivo de su empresa era de 1 a 40. Entonces esta relación fue juzgada por algunos como escandalosa. En 2005, el salario medio de los consejeros delegados de las 250 primeras empresas americanas clasificadas por la revista “Fortune” fue de 8,4 millones de dólares, lo que representa 369 veces el salario medio de los obreros de EE UU. ¿Escandaloso?
Históricamente, los salarios y otras compensaciones de los altos directivos de EE UU se han mantenido relativamente embridados hasta la revolución financiera de los años 80. Entonces empezó a fraguarse lo que algunos han calificado como “ruptura cualitativa” entre los intereses de los dirigentes de empresa y sus asalariados. Las stocks options y otras fórmulas de remuneración de los directivos ligadas a la cotización han disparado las percepciones, pero, sobre todo, han hecho que los gestores tiendan a comportarse esencialmente como accionistas. Se está produciendo un divorcio paulatino que amenaza el frágil consenso social existente en el seno de las empresas.
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